Hola,
Esta semana quiero hablar de lo difícil que son las transiciones para los niños, especialmente si son autistas. Se frustran mucho con la falta de rutina.
Una compañera de trabajo tuvo un cliente que se autolesionaba gravemente (además de chillar y patalear) cada vez que había que cambiar la ruta para ir al cole.

Imagínate que la carretera o la calle está cortada por obras y no te queda otra que cambiar de ruta. Esto en ocasiones puede significar HORAS de pataleo y chillidos con el niño en el suelo. Eso sin contar las miraditas de la gente alrededor tuya, la vergüenza de la situación y el agotamiento psicológico que eso supone.
La semana pasada en uno de los coles donde trabajo ví como una asistente de profesor estaba intentando llevar a una estudiante autista a una sala nueva. La niña replicó el escenario que acabo de describir. Chillaba y pataleaba en el suelo hasta que la asistente ya por desesperación la dió su juguete favorito y la dejó jugar en el suelo. La asistente casi en lágrimas me miró y me dijo¨ya no sé qué hacer¨
Si una trabajadora que pasa sólo 5 horas con algo así puede acabar emocionalmente tan frustrada, podéis imaginar cómo se sienten unos padres que pasan por eso 24h al día, todos los días de la semana ¿verdad?
Bien, lo primero que hay que entender es que el comportamiento es comunicación. Incluso el mal comportamiento.

Es muy importante llevar un registro de los comportamientos y que es lo que los ha desencadenado. Una vez entendamos eso, podremos trabajar en soluciones.
Volviendo a la trabajadora, ¿hay algo que creéis que pudo haber hecho de otra manera? , ¿qué creéis que pasará ahora que la niña sabe que obtuvo su juguete favorito después de un pataleo?
Me tomé la libertad de explicarla que lo único que la niña ha entendido de ese momento es que si llora consigue su juguete favorito. !No sabéis lo buenos actores que pueden llegar a ser! Y segundo, la niña no sabe dónde va, no se fía de nosotros como para ir a ciegas a un sitio completamente nuevo que puede ser una bomba de sentidos.
“Entonces, ¿qué hago?”
En primer lugar, ganarse su confianza. Como ya he explicado en la entrada anterior, fiarse de alguien para hacer algo totamente nuevo es pedir demasiado.
Algo que me ha funcionado muy bien es sentarme con ellos en una de las zonas donde se sienten agusto y elegir uno de sus juguetes favoritos. Interactuar con ellos llamando su atención con su juguete favorito. Enséñaselo y deja que lo coja una vez que ha hecho contacto visual contigo. Si no hace contacto visual de primeras, muevete tú para que lo haga. Pon tu cabeza a su nivel y gentilente, mueve su cabeza para que te mire ( o haga el amago de mirarte) Sólo unos segundos, no lo alargues demasiado o perderán el interés en interactuar contigo. Una vez que han hecho esto , rápidamente dí algo como “!muy bien, me has mirado!” Y ofreces su juguete favorito. Deja que juegue unos segundos y después, de manera gentil se lo quitas diciendo algo como: “¿me lo das?” o “mi turno”. El niño posiblemente no quiera dartelo así que se lo vas a tener que quitar, siempre manteniendo un tono de voz suave, sonriendo y aunque tengas que utilizar la fuerza para coger su juguete, nunca la utilices de una manera brusca. Una vez que tengas el juguete en tu posesión rápidamente da las gracias y devuélveselo. REPITE HASTA LA SACIEDAD, hasta que el niño por decisión propia te dé su juguete. Es ahí cuando sabrás que el niño ha entendido la demanda y se fia de tí como para dejarte su juguete.
En este punto añade otra demanda como “da un paso adelante” o una cuenta atrás utilizando los dedos (” 5, 4, 3, 2, 1, !ahora puedes tener tu juguete!”) En acciones, posiblemente vas a tener que moverle tú de primeras, puede que no entienda tu lenguaje. Si tu demanda es chocar los cinco, por ejemplo, coge su mano y chocate a tí mismo, justo después dale el juguete. Y otra vez REPITE

Añadiría demandas útiles con instrucciones cortas y sencillas. En ese punto, muévete por la sala conocida y vete acercándote a la sala nueva. Tantea cómo se siente, pero si ya se fía de tí, la transición será más sencilla.
Una vez está en la sala nueva. Asegúrate de que le recompensas por ello. La confianza tiene que seguir trabajándose día a día. Haz actividades divertidas en el sitio nuevo, sobretodo al principio para que en la siguiente transición se sienta más cómodo.
Otra cosa muy importante es no ceder nunca ante el mal comportamiento. Sé que es muy difícil y frustrante pero mantente firme.
La asistente me pidió ayuda. Le dije que era un problema de confianza y que tenía que demostrar que era ella la que tenía el control y no la niña. La dije que no dejara a la niña volver a la habitación conocida, esto implicó la sujección de la niña, casi casi por la fuerza, (nunca haciendo daño a la niña!) para evitar que volviese a la habitación conocida. La asistente, después de diez minutos luchando con la niña, me dijo: “mira, mejor la dejo sola” !No! si lo haces repetirá el proceso en la siguiente transición. Mantente fuerte, ese comportamiento es sólo temporal.
Con cada pasito adelante, incluso aunque fuese forzado, recompensabamos a la niña. Ella no paró de chillar durante todo el proceso, pero en cuanto entendió que mediante pataletas no conseguiría volver a la habitación que conocía se calló y se levantó. No conseguimos meterla en la habitación nueva de primeras, pero no importa. Cada niño necesita su tiempo y es un proceso normalmente lento. Ten en mente que esas pataletas pueden ser horas, o cinco minutos. !Sé fuerte!
Es como si tienes miedo a las alturas y alquien del que no te fías te pide que hagas puenting en un día. Pues mira chato, va a ser que no. Necesitas tu tiempo ¿verdad? Los niños son iguales.

Otra cosa muy útil es tener un programa visual con los planes del día. Haz fotos de los sitios a los que vais , y plastifícalas con velcro por detrás. Modifica cuando sea necesario. Ten otras etiquetas de “hoy, mañana, pasado” . Al principio del día explica con el visual y menciona las actividades por orden, “primero colegio, luego natación y al final cena en casa.” Asegúrate de que señalas la foto correcta y el niño está mirando. También puedes coger su mano y con ella, señalar las actividades.
Puedes descargarte contenido para esta terapia aquí y puedes ver como utilizarlo en este vídeo.
Justo antes de cambiar de actividad también puedes dar un aviso de cinco minutos “En cinco minutos vamos a la sala verde” , de modo que el niño tiene tiempo de asimilar y prepararse para el cambio. Lor relojes de arena funcionan estupendamente en estos casos, porque el niño puede ver lo que queda. No te excedas repitiendo los avisos, no quieres aumentar la ansiedad del niño.
Días después la asistente vino a darme las gracias. Me dijo que la niña ya se fiaba de ella y que ahora la seguía sin problemas a la habitación nueva. !Qué gratificante!
Espero que estas técnicas os ayuden con vuestros alumnos, clientes e hijos, y ya sabéis, si tenéis alguna duda !sólo comenta!
Gracias, Flor.
